LA FORMACIÓN ACTIVA: Rentabilidad y eficacia a la hora de gestionar el conocimiento de las empresas y sus profesionales.
"Todo el mundo tiene un filósofo dentro, tiene la sabiduría en su interior. Yo no doy nada, ilumino lo que ya estaba allí"
Lou Marinoff 'Más Platón y menos Prozac"
INTRODUCCiÓN
Cuando se contrata formación el objetivo debería ser refrescar y adquirir conocimientos que fuesen rentables y aplicables a las personas y al negocio de forma inmediata y no pesados y aburridos programas en exceso teóricos o que respondan a situaciones que nada tienen que ver con la realidad en que trabajan quienes se forman. Esto que parece obvio, no siempre se cumple, pues son muchas las empresas que entregan formación a sus empleados como parte de una política de RRHH establecida en un contexto de gestión empresarial que prima otras áreas de negocio por encima de la formación (es como en los presupuestos generales del Estado y su corta partida dedicada a educación, por establecer un paralelismo de prioridades).
En un reciente artículo de Antonio Ramírez en El País se manifestaba claramente –aunque por otra parte dentro de un tema ya conocido sobre como afrontar el cambio ante los retos de la globalización y la entrada en escena de nuevas potencias económicas- lo siguiente: ‘se oye hablar de la importancia del desarrollo de nuevos métodos de trabajo en las pymes, la modernización de la Administración, la difusión de las nuevas tecnologías, la mejora de la educación… No obstante, apenas se escuchan voces que alerten sobre la concepción que todavía tenemos de la formación continua, y el consiguiente modelo de financiación asociado. Ciertamente en los últimos tiempos se han producido cambios ( ) En este proceso, el estadio ha adquirido mayor protagonismo en la gestión, se transfieren funciones a las comunidades autónomas, y con escaso éxito se procura facilitar la gestión administrativa de las ayudas y el acceso de las pymes a la formación. Sin embargo nunca se cuestiona la propia concepción de la formación, a pesar de su potencial contribución a la anhelada innovación. Ésta no ha variado ni parece que vaya a variar ( ) Se parte de un modelo conceptual obsoleto de la formación en las organizaciones ( ) Todavía se concibe la formación como un beneficio social. Desde esta perspectiva, ésta tiende a ser administrada con un criterio político antes que técnico ( ) Como consecuencia, algo que podría considerarse una inversión, se convierte en gasto ( ) la práctica de la formación todavía se caracteriza por procurar el acopio de conocimientos antes que de habilidades o saber hacer. Ello lleva a sus gestores a centrarse en los temarios y en el impacto percibido del instructor antes que a discutir objetivos y medios de comprobación. Por su parte los diseñadores –con algunas excepciones- restringen las posibilidades del aprendizaje, concibiendo programas que en su mayoría no contemplan otras opciones que la formación en aula u on-line. Finalmente, los formadores, evaluados por un cuestionario de satisfacción ( ) procuran seducir a los formados con sus dotes comunicativas, eludiendo con frecuencia la comunicación sincera con los participantes’

Tengo poco que añadir por mi parte a este exacto retrato de la formación en España y tras cientos de horas dedicadas a la formación de profesionales (universitarios, jóvenes ante su primer empleo, profesionales en activo, mayores de 45 años en el paro…). Queda claro que se ha de potenciar la profesionalidad y los resultados en formación. Es el momento de aplicar propuestas de formación más rentables para profesionales y empresas, Existen modelos teóricos y experiencias que lo hacen posible, como la que proponemos aquí y que, fruto de mi experiencia y observación del trabajo de otros profesionales con quienes he coincidido, denominaremos ‘Formación Activa.’ Aquella formación que somos capaces de generar, extrayéndola de forma inductiva de todos los individuos que asisten a los escenarios de formación y con los que los formadores han de compartir sesiones productivas y satisfactorias.
1. PUESTA EN MARCHA DE LA FORMACIÓN ACTIVA
La Formación Activa precisa del análisis previo de la organización cliente, su plan estratégico, sus objetivos, los motivos que indican la oportunidad de la acción formativa, el perfil de los asistentes a dicha acción y, en definitiva, de todos aquellos datos que permitan un óptimo diseño del programa formativo a desarrollar.
Será pues condición necesaria la entrevista con los responsables prescriptores y decisores de la formación para conocer el punto de partida de la acción, antes de diseñar e implementar ésta, coordinando todos los aspectos necesarios para su desarrollo. La Formación Activa ha de ser siempre un proceso que comprenda desde el plan estratégico de la organización que desea invertir en formación, hasta las herramientas de control de satisfacción y resultados posteriores a la acción formativa.
En la Formación Activa han de importar tanto los datos que se recojan en la organización ‘cliente’ como los que se deberán recoger de los asistentes a la formación concertada con esta organización.
Para ello y como paso previo del proceso de formación, es conveniente la realización de un test de auto evaluación, mediante un rápido cuestionario a realizar por los asistentes, que les permita un auto-análisis que proporcione información de apoyo a la persona que responde y a su supervisor/a en el caso de organizaciones con vocación de “coaching” natural, aquellas organizaciones que, ya que se preocupan de que sus empleados asistan a cursos de formación, también se preocuparán de que lo aprendido no quede en saco roto.
Si no se entiende oportuno formalizar esta auto-evaluación mediante un test técnico y a la vez personal, el formador creará al inicio del programa el ambiente necesario para recoger las opiniones y evaluaciones de los asistentes sobre sus expectativas y el escenario que ha decidido la conveniencia de la formación.
En cualquier caso, una fase de catarsis antes del proceso de formación o como primera parte de éste, saca a la luz los puntos que, tarde o temprano, manifestará el grupo como parte de sus dudas profesionales y su resistencia natural a la formación.
La Formación Activa se basa en que el conocimiento se genere en las sesiones formativas y no solo se transmita en una sola dirección, la habitual entre el formador y los participantes en los programas formativos, por tanto se trata de un conocimiento dinámico.
2. LA FORMACIÓN ACTIVA Y EL CONOCIMIENTO DINÁMICO
Conocimiento es, según el diccionario de la R.A.E., la acción y efecto de conocer; también es entendimiento, inteligencia, razón natural, noción, ciencia, sabiduría. Es por tanto aquello inmaterial que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida por lo que hayamos visto, leído, escuchado, gustado, tocado y, en definitiva, vivido. Es el poso de nuestros éxitos y fracasos: de nuestra experiencia en suma. Y por tanto el resultado de las vivencias que tenemos cada día pero que, por ser harto cotidianas y conocidas, sobre todo en los ámbitos de aprendizaje y profesionales, vamos acumulando y “almacenando” en nuestro disco duro interno que va soportando capas y más capas de datos y quedando así en nuestro subconsciente.
Aunque otra acepción del mismo diccionario aclara: “cada una de las facultades sensoriales del hombre en la medida en que están activas”. Que están activas, que son dinámicas es decir, lo que consideramos el conocimiento dinámico, el útil, el que se convierte en saber y no duerme sino que está latente y en nuestras decisiones personales y profesionales constantemente.
En un mundo cambiante en extremo, tanto que se nos hace invisible por constante, para la toma de estas decisiones necesitamos conocimiento y renovado constantemente (más importante que la información, que la que hoy es útil, en días está desfasada, está el criterio, juicio o discernimiento basado en el desarrollo anterior de la aplicación del conocimiento). Y a este conocimiento constante se le llama técnicamente “la formación continua”, que se contrata siempre a expertos y en la que se invierten importantes recursos.
En el ámbito de la formación (y llevo muchos años realizando cursos, seminarios, masters, “in companies” y demás variables de la docencia) hay que darse cuenta de que a pesar de que el objetivo de personas, profesionales y empresas cuando contratan formación en el grado que sea, es aprender y adquirir conocimientos que sean rentables, es decir aplicables a las personas y al negocio y de forma inmediata, lo que reciben en cambio son pesados y aburridos programas que o
a) teorizan desde atalayas distantes a la realidad de la vida y el mercado.
b) responden a situaciones que nada tienen que ver con las de los que esperan poder adquirir el conocimiento para aplicarlo en SU realidad.
c) son farragosos listados de información, generalmente técnica, legal o estadística imposible de asimilar en una o cien jornadas.
d) son un repaso al maravilloso ombligo del orador (que ni profesor, ni formador, ni facilitador de conocimiento alguno, pues cobrará para que admiremos su éxito y en algunos casos incluso glamour)
e) son clases magistrales, conferencias leídas de pe a pa que mejor nos hubieran enviado por mail para ahorrarnos tiempo y dinero.
f) y, “last but not least”, un chorreo de conceptos que, como si lanzaran a un portero doce balones a la vez, son imposibles de asimilar (si acaso un par de ellos pero no por fuerza los más importantes)
Pero ¿protesta alguien por no haber satisfecho sus expectativas? ¿pedimos que se nos devuelva el importe de la formación y el del tiempo invertido en ésta? Y lo que es más importante: ¿buscamos alternativas para seguir formándonos? La respuesta es NO.
Es hora de recibir en formación lo que cualquier consumidor espera de cualquier producto o servicio: que responda a las expectativas que generan el producto, su precio, su comunicación y su distribución (en este caso las marcas de institución y docentes).
Formación en las que un profesional entienda su utilidad y sus oportunidades, una persona sabe que puede crecer y mejorar desde él mismo y desde su propio conocimiento de las cosas y una empresa tan solo tiene que poner orden en lo que hace años que conoce y trata de forma poco rentable por su gestión del día a día.
El conocimiento dinámico está contenido en cada individuo del grupo, sale del grupo y enriquece al grupo, la Formación Activa tan solo crea la situación para que se genere de forma pro-activa y se entienda su fuente y destino. No se ha de esperar que quienes confían en disponer de una nueva forma de entender la formación piensen “cuánto saben los profesores”, pues seguramente éstos no saben de lo suyo más que ellos –la misión de la Formación Activa es hacer salir su talento-, a lo que ha de aspirar el formador (y como tal se que he cumplido mi misión cuando lo escucho) es a que el participante diga: “claro, es esto, ya lo sabía pero no sabía expresarlo”.
El proceso de la Formación Activa. consta de dos partes bien definidas, la inductiva, mediante retro-alimentación conseguida de discutir en un debate abierto la teoría que se imparte y la experiencial, a través de la resolución de casos y ‘role playing’
(ver fig.1)
Figura 1 : El proceso de la Formación Activa
3. EL MÉTODO DE FORMACIÓN ACTIVA
La metodología de la Formación Activa incorpora tres elementos esenciales de la educación experiencial: Andragogía (educación de adultos) Constructivismo y la Lúdica .
Permitiendo que los asistentes a las sesiones formativas obtengan todos los beneficios de una metodología que rompe con los esquemas tradicionales, a través de la vivencia de 4 componentes básicos del aprendizaje: pensar, observar, hacer y sentir.
En cuanto a la metodología aplicable a como decidir y diseñar el programa más efectivo de Formación Activa, ésta podría ser definida en cinco pasos:
a) PLAN. Existe un plan estratégico por parte de la empresa pues la formación ha de ser siempre considerada como una estrategia que añada valor a la organización.
b) SELECCIÓN. Se seleccionan los procesos clave de la empresa cliente y se identifican los problemas y oportunidades referidos a los primeros.
c) DETERMINACIÓN. A modo de análisis interno, se deberán determinar las capacidades humanas y organizacionales para mejorar el desempeño.
d) DISEÑO. Creación de un programa de Formación Activa para la organización. Este programa incluirá acciones de seguimiento una vez acabe la formación realizada ‘en aula’.
e) DESARROLLO. Impartición del programa al colectivo determinado por la empresa
f) CONTROL. Aplicar sistemas de medición de resultados de la formación dada..
ANDRAGOGÍA, CONSTRUCTIVISMO Y LÚDICA
Andragogía es la ciencia y el arte que, siendo parte de la Antropología y estando inmersa en la Educación Permanente, se desarrolla a través de una praxis fundamentada en los principios de Participación y Horizontalidad; cuyo proceso, al ser orientado con características sinérgicas por el Facilitador del aprendizaje, permite incrementar el pensamiento, la autogestión, la calidad de vida y la creatividad del participante adulto, con el propósito de proporcionarle una oportunidad para que logre su autorrealización
Constructivismo es la idea que mantiene que el individuo —tanto en los aspectos cognitivos y sociales del comportamiento como en los afectivos— no es un mero producto del ambiente ni un simple resultado de sus disposiciones internas, sino una construcción propia que se va produciendo día a día como resultado de la interacción entre esos dos factores. En consecuencia, según la posición constructivista, el conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción del ser humano. ¿Con qué instrumentos realiza la persona dicha construcción? Fundamentalmente con los esquemas que ya posee, es decir, con lo que ya construyó en su relación pasada con su entorno.
La Lúdica, como concepto y categoría superior, se concreta mediante las formas específicas que asume, en todo caso como expresión de la cultura en un determinado contexto de tiempo y espacio. Una de tales formas es el juego, o actividad lúdica por excelencia. Y también lo son las diversas manifestaciones del arte, del espectáculo y la fiesta, la comicidad de los pueblos, el afán creador en el quehacer laboral -que lo convierte de simple acción reproductiva en interesante proceso creativo-, etc.-. En todas estas acciones está presente la magia del simbolismo lúdico, que transporta a los participantes hacia una dimensión espacio-temporal paralela a la real, estimulando los recursos de la fantasía, la imaginación y la creatividad.
4. LOS PROGRAMAS DE FORMACiÓN ACTIVA
Ningún programa es lo suficientemente bueno para que sirva a todos los colectivos y propósitos. Mi experiencia me ha enseñado que solo después de conocer al cliente, sus objetivos y necesidades, se puede diseñar a medida un programa de formación eficaz. El número ideal de asistentes a estos programas de Formación Activa ha de ser de un máximo de doce participantes. No es una clase, son sesiones donde todos han de tener su espacio para participar activamente.
La duración de estos programas de Formación Activa, ha de ajustarse a la disponibilidad horaria y las prioridades profesionales de los participantes. Se trata más de trabajar activamente en el tiempo disponible, que de asistir a un número determinado de horas. Es como cuando un el progenitor dice: ‘yo estoy con mi hijo varias horas al día y leo el periódico o veo la televisión mientras mi hijo hace los deberes o juega con la Play Station’. ¿No es mejor la relación de aquellos padres que aunque no puedan estar más de una hora al día con sus hijos al volverdel trabajo se ocupan de bañarlos o jugar con ellos; de preguntarles como ha ido y explicarles como les va a ellos, de acostarles y leerles un cuento?
5. SEGUIMIENTO DE LA FORMACIÓN ACTIVA
Los programas y la formación no se acaban en el aula. La mayoría de la formación recibida se olvida a las pocas semanas de realizarla y no es, por tanto, ni eficaz ni rentable para las empresas ni para los profesionales.
La Formación Activa se preocupa de que esto no pase y tiene en cuenta diseñar en cada programa una serie de acciones relacionadas con el objetivo de capitalizar el conocimiento gestionado en las jornadas formativas. Desde el concepto que se ha de crear y desarrollar en cada programa, pasando por el recordatorio en forma de gadgets o acciones periódicas de recapitulación de los puntos más importantes de la formación realizada, hasta la disponibilidad on-line que los formadores de los programas mantienen con los asistentes a la formación que así queda consolidada en el transcurso del tiempo.
El concepto ha de ser motivador, ha de aclarar muchas de las dudas que asaltan a un participante en el proceso de formación. Por ejemplo, si le invitan a asistir a unas actividades ‘outdoor’ donde ejercitará algún deporte o actividad con sus compañeros en el marco de una convención de ventas, el concepto podría ser: “En Forma Para Vender Más”, con lo cual el participante tendrá siempre claro que no está en la actividad tan solo para divertirse –aunque lo haga y es necesario que se divierta- sino que su aprendizaje de nuevas Técncas y habilidades le ayudarán a mejorar sus competencias.
También La Formación Activa debe seguir y controlar cual ha sido la redención del esfuerzo compartido por la organización, el participante y los facilitadores de la formación. Para ello serán útiles pequeñas acciones de comunicación (mail, correo, etc.) o entrega de gadgets siempre ligadas al concepto. Una reunión informal periódica de los facilitadores con los participantes a modo de repaso y control de resultados para conocer en que medida la formación ha sido efectiva, siempre será eficaz a la hora de valorar si los objetivos se han podido cumplir o están en vía de cumplimiento.
6. ÁREAS Y COMPETENCIAS
Los programas de Formación Activa se han de diseñar a medida y entregarse convenientemente documentados al cliente y a los participantes. Aún así, hay que definir unas áreas y competencias como orientación y punto de partida de los programas a desarrollar. Estas áreas y competencias podrían ser (entre optras posibles) las que se apuntan en la fig. 2.
Fig. 2 Ejemplos de programas de Formación Activa
Asimismo, en la Formación Activa hemos de ser capaces de diseñar y desarrollar programas a medida tanto para PYMES como para grandes empresas, recuperando las áreas de experiencia de los profesionales formadores para que ejerciten su rol de moderadores y motivadores, gestores del conocimiento que habrán de saber extraer del grupo asistente a la formación, ya sea en cualquier área y sector de actividad en que se encuentre la empresa no importando el tamaño de ésta, pues los profesionales que la integran lo son independientemente del lugar en que desarrollen sus competencias.
Pero, ¿como entiende la Formación Activa exactamente el término competencias? ¿Es una nueva palabra de moda que no se corresponde con un concepto nuevo? ¿o un enfoque original que se ha hecho necesario por la evolución del trabajo? En este caso, ¿cuáles son las relaciones de las competencias con los conocimientos? ¿y con las aptitudes? ¿y con la personalidad?
El concepto de competencia se ha impuesto en la literatura sobre gestión empresarial de los últimos diez años. Un número cada vez mayor de empresas elabora sistemas de referencia de competencias.
Hablamos corrientemente de aptitudes, intereses y rasgos de personalidad, para representar parámetros según los cuales los individuos difieren unos de otros. Pero, cada vez con mayor frecuencia, las exigencias de un puesto a cubrir vienen definidas por los superiores en términos de competencias.
Entonces, ¿Que son las competencias? Podemos decir que son repertorios de comportamientos que algunas personas dominan mejor que otras, lo que las hace eficaces en una situación determinada. Y también que son un conjunto de conductas tipo y procedimientos (razonamientos) que se pueden poner en práctica sin nuevo aprendizaje.
La Formación Activa ha de ayudar también a detectar, parametrizar, relacionar, desarrollar modelizar y evaluar estas competencias en el proceso formativo.
7. LOS PROFESIONALES DE LA FORMACIÓN ACTIVA
Quienes nos dedicamos al Formación Acrtiva, creemos en la innovación y adaptación constante a nuevos diseños y nuevas necesidades de formación, sin considerarnos ‘profesores’ ni ‘formadores’, pues como ya se ha dicho, se trata de gestionar el conocimiento colectivo de los asistentes.
Nuestra misión es generar este conocimiento y que surja de forma circular en el grupo, facilitando la formación de forma inductiva y eficaz. Por eso lo adecuado es denominar al profesional de la Formación Activa como ‘facilitador’. Y de eso se trata, de facilitar las herramientas humanas (la gestión del grupo, de su inteligencia emocional, la capacidad de generar dialéctica, etc.) y las herramientas técnicas (la inductiva, la mayeútica socrática, la dinámica de grupos el análisis transaccional, etc. para que
Opino y la experiencia me lo ha confirmado cuando he ocupado plazas de ‘profesor colaborador’ en universidades y escuelas de negocio con menos conocimientos que los profesores ‘fijos’ de estas instituciones, que los profesionales de la Formación Activa ha de serlo en activo, es decir que no solo se dediquen a la parte docente sino también desarrollen su labor en la empresa, lo que aporta una realidad actualizada constantemente de los problemas, las situaciones, las soluciones y los fracasos que el día a día otorga a un profesional en activo.
La experiencia de quienes participamos en el diseño e impartición de programas de Formación Activa se basa en nuestra dilatada carrera profesional en multinacionales y empresas de primer orden tanto en España como en el extranjero. Esto es del todo aconsejable pues el éxito de un programa de formación tiene que ver muchas veces con la virtud de saber aplicar criterios de diferentes empresas y sectores a una empresa y sector completamente diferente.
El profesional de la Formación Activa ha de participar desde el inicio en la entrevista con quien decide la compra de esta formación –la empresa y su responsable, generalmente un director general, un director de RRHH, u otro mando intermedio- para conocer la problemática o la situación que ha decidido la oportunidad de lña inversión de la empresa en formación y así poder diseñar el programa en base a los objetivos que se deriven de esta contratación, las premisas del cliente, los condicionantes horarios y de recursos tanto productivos como económicos, etc.. El mismo profesional facilitará su asimilación efectiva impartiendo el programa diseñado y aportando el valor añadido de su condición de profesional en activo utilizando el lenguaje, el conocimiento y los casos propios del entorno real de los asistentes.
8. DONDE DESARROLLAR LA FORMACIÓN ACTIVA
La Formación Activa se puede realizar en las instalaciones del cliente, lo que conocemos como formación ‘in company’, aunque considero más eficaz el cambiar de escenario por unas horas. Esto ayuda a ‘desconectar’ de la rutina y a que se añada un componente lúdico que venza en parte la resistencia que pueda tener el participante a asistir a programas de formación.
Si el diseño del programa requiere actividades ‘outdoor’ o la organización de varias jornadas, se ha de valorar la oportunidad de contratar los servicios de alojamiento y restauración óptimos para el desarrollo de estas actividades, convenciones o jornadas de inmersión.
Nota final: Formación Activa es una metodología de formación para profesionales y empresas inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya por formactiva, Av. Diagonal, 468, 08006 Barcelona

MIQUEL dijo
Es uno de los articulos con las reflexiones más interesantes y lucidas que he leído y oído últimamente en materia de formación. Gracias. Os seguiré atentamente.
31 Marzo 2007 | 06:22 PM